Fragmentos I: Destellos de conexiones


Hay que enfrentar la arquitectura con una actitud crítica, ética y vital cuestionándose continuamente la realidad, sin aceptar lo que nos cuentan. Lo importante es la actitud. Hay que definir un espacio frente a otro conforme a los acontecimientos que se dan en el momento, en el tiempo, en una época. En la construcción aparece esa energía acumulada que nos remite al esfuerzo empleado en ordenar y transformar la materia, “energía que tiene que ver con la acumulación de tiempos, de esfuerzo y de ideas, con el empeño en la construcción del territorio y con la voluntad de reafirmarse”.

El proyecto es un documento que representa ideas y son concretadas en materia; llevarlo a cabo es un contraste de éstas con la realidad que vivimos, en nuestra era y nuestras circunstancias. Todos tenemos una cierta idea de lo que es el tiempo, sin embargo es difícil precisar de forma conceptual qué es. Lo entendemos cuando hablamos de él, y lo entendemos también cuando lo oímos de otro que nos está hablando… ¿Pero qué es? ¿Podría tratarse de un material más?

Hay que ofrecer una interpretación de la época, recuperando algunos valores, que para nuestra pena, están muy olvidados. Hablamos de valores que se centran en lo básico y fundamental, en lo necesario, en lo meramente identificativo dejando atrás lo superfluo, lo excéntrico, lo mediático.

Hay que mirar y recorrer la perspectiva de la tradición sobre la que se vive, reconstruyendo la realidad,  percibiendo, pensando y proyectando desde una memoria que permita obtener un resultado lleno de emociones.

La obra debe de atender a una mezcla entre lo natural y lo artificial, a emplear elementos de uso habitual de nuestra tierra, de nuestros orígenes en los que probablemente nos sintamos más cómodos. A delimitar los territorios con los que se trabaja, a darles forma, para ofrecer una nueva oportunidad. Para dar alma, para ser habitados.

Capaz de resolver cualquier complicación funcional, invitar al orden, a la variación de un mismo continente en distintas respuestas. Trabajar con volúmenes definidos, contundentes, claramente integrados con la cultura, con el contexto del lugar y del territorio. Cómo pueden ocurrir múltiples situaciones dentro de un mismo volumen.

La arquitectura debe emerger de lo más profundo de nuestro conocimiento, desde el respeto y desde la ética. La escala, la geometría, la proporción, la luz, el material, el espacio… ¿Por qué no transmitir una obra personal, humana y libre? Una obra, que a través de estrategias, poder conocerla analizando nuestras manos y nuestra alma.

La arquitectura es un tema personal y por eso en el fondo le interesa sólo al arquitecto como todos los temas creativos, y le interesa que alguien lo entienda… Son destellos de conexiones y de comunicación, pero en el fondo es un tema personal.

(… continuará)

Emilia Ruipérez Bastida | «Fragmentos I: Destellos de conexiones» | marzo 2016

Museo Chillida-Leku – Hernani. Gipuzkoa  – agosto 2009