Construir el tiempo


(…) El uso de los elementos naturales preexistentes en el terreno es un ingrediente de lo que Christopher Alexander ha denominado el “modo intemporal de construir’’. Como tal es tan relevante hoy como en cualquier otra época, aunque, como es lógico en las regiones del mundo habitadas desde muchos siglos atrás es más difícil tener la oportunidad de utilizar rasgos y elementos naturales, siendo, en cambio más factible relacionar la construcción con las obras arquitectónicas anteriores. Cuando uno va a una playa abarrotada, si encuentra un rincón entre las toallas, sombrillas, pantallas contra el viento, barbacoas, etc., establece su propio asentamiento, acomodándose, a la dirección del sol y del viento, a la ruta hacia el agua. Algo parecido sucede al actual en el entorno construido con una aldea, un pueblo o una ciudad; aquello que construimos interactúa con lo ya existente. En una ciudad, la tarea suele consistir en crear lugares en espacios entre edificios existentes, y relacionar lo edificado con los lugares ya consolidados.

La temporalidad en la obra de arte es primordial, no sólo para mantener una evolución sino también una armonía social aceptables. Y una forma de armonizar nuestro ánimo es contemplar belleza sin analizarla, sólo abriéndonos a ella…

Busquemos obras que nos gusten y tratemos de contemplarlas sin ningún prejuicio, sin esperar nada, solamente entregándonos a ella… Quizás sólo de esta manera comenzaremos a comunicarnos con nosotros mismos… A través del arte.

De alguna manera esto se proyecta en la obra y película de Jacques Tati, “Mon oncle” (1958), donde arremete contra la sociedad de consumo y contra el mecanicismo que ahoga al individuo. Para reforzar lo absurdo de las pautas de comportamiento de la clase acomodada, Tati crea un marcado contraste entre dos formas de entender la vida, dos mundos separados por el dinero pero también por la noción de hogar o de tiempo de ocio.

Sin necesidad de mostrar a los demás una ciudad viva, quizás lo más sensato que se puede hacer es imitar o seguir a “mi tío”, es decir, hacer mofa continua y amable, pero demoledora, de la tontería del diseño moderno… Hacia el modo intemporal de construir lugares llenos de gracia y vida.

Emilia Ruipérez Bastida | «Construir el Tiempo» | 2009

marzo de 2009